Testimonio sobre la muerte de un preso en la cárcel de Picassent en agosto de 2017

Todo ocurrió a finales de agosto de 2017. El funcionario abrió la cerradura sin mirar dentro de la celda, lo que es el protocolo. Los mismos presos fueron los que entraron, quitaron la cuerda del cuello y, viendo que no tenía pulso, lo intentaron reanimar, cuando a un cadáver ha de levantarlo el médico forense, delante del juez. Aun sabiendo que estaba muerto, hicieron como si tuviera vida; le levantaron los presos y funcionarios llevándolo por las escaleras hasta el hall y lo pusieron en una camilla, aun estando claro que estaba muerto, ya que varios internos le tomaron el pulso y era evidente que no tenía vida. Se lo llevaron como si nada, sin taparle y viéndole nosotros toda la cara hinchada y morada y el cuello partido. Y, a los dos minutos, aparece un ordenanza médico diciendo que estaba muerto, cuando eso ya lo habíamos visto todos en la celda. Luego, vinieron a ver la celda donde murió, un jefe de servicios, un subdirector de seguridad, la subdirectora médica y el director de la cárcel, el juez y la policía científica de la guardia civil. Y bajaron las escaleras riendo, como si nada. Luego, se encargaron de hablar con varios internos para decirles ellos lo que debían declarar, y a uno en especial, con los permisos cortados por positivo en drogas, le hicieron declarar a favor de la cárcel y se lo llevaron del módulo 6, que es donde ocurrió todo, a preventivos, para que no viéramos como se le concedían 15 días de permiso, trato de favor, por declarar lo que ellos quisieron. La celda es la número 75 y, como todo el que quiso entró, contaminaron cualquier prueba que pudiera haber.

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