Carta de Francisco Chamorro y recordatorio de la concentración convocada por su madre el sábado, 23 de junio, ante la cárcel de Castellón I, exigiendo su excarcelación por enfermedad muy grave con padecimientos incurables

Nos han llegado dos cartas, de Francisco Chamorro, preso en la cárcel de Castellón I, enfermo muy grave de cáncer con padecimientos incurables, en espera de excarcelación por ese motivo, tal como dicta la ley constitucional, penal y penitenciaria, o por el hecho de que no está recibiendo tratamiento apropiado equivalente al que podría recibir si estuviera libre, a lo que asimismo se obliga el Estado con sus propias leyes. En todo caso, él ya ha cumplido las tres cuartas partes de la condena que sufre y bastaría clasificarle en tercer grado para que pudiera salir en libertad condicional. Esa clasificación ya la había recibido en la cárcel de Estremera, pero inexplicable y arbitrariamente, le fue retirada al ser trasladado a Castellón. Publicamos la primera de esas cartas y pronto lo haremos también con la segunda. Nos relata que está siendo coaccionado y amenazado por lo que está haciendo su familia en su favor, y que es la segunda vez, al menos, que pierde una visita médica especializada en el hospital externo, porque la administración no pone los medios para trasladarle. Adjuntamos también dos programas de radio donde su madre nos explica la situación y convoca una concentración ante la cárcel para el próximo sábado, 23 de junio, exigiendo la excarcelación inmediata de su hijo, Francisco Chamorro Giménez.

Castellón, 6 de junio de 2018

Un saludo cordial y gracias por parte de los internos que nos encontramos en la enfermaría de la prisión de Castellón I.

Soy Francisco Chamorro y os estoy muy agradecido por vuestro interés en mi situación y el ánimo que nos estáis dando que nos hace mucha falta. Sólo de pensar que sigue habiendo humanidad en la sociedad que vivimos. Radio Tokata y todos los que hacen posible que se oigan las voces de las personas más desamparadas y aisladas de la sociedad, que somos los enfermos que nos encontramos en las enfermerías de las prisiones. Perdón por mi letra, pero estoy perdiendo mucha fuerza en los dedos, en las piernas y en general. Esto es un calvario continuo, quiero resumir todo lo que nos está pasando, en especial a mi madre, Rosa, y a mí, Francisco, que estoy perdido, no me responde mi cuerpo y psicológicamente, si quieres que sea sincero, muchas veces me pongo a llorar sin saber que lo estoy haciendo. Estoy en el punto en que la locura se apodera de mí. No puedo casi comer, me arrastro con una muleta. Por favor, que me dejen tranquilo.

Desde el 19 de enero que ingresé en esta prisión, en la enfermería, estoy sufriendo con las dudas de si alguna vez se acabará todo esto. El trato es brutal, no tengo fuerzas para seguir. Desde que mi madre y otras muchas personas se manifestaron en el juzgado, solo recibo amenazas por parte del educador y el trabajador social, mandados por la subdirectora de tratamiento. Hoy se me han presentado estos dos señores por quinta vez diciéndome que pare a mi madre, que ya puede hacer lo que quiera que me como la condicional con papas, y que haga un escrito a la subdirectora pidiéndole disculpas. Y que el día que tiene prevista la manifestación que la aborde en la puerta de la prisión, que le impida seguir dando por culo. Esas han sido sus palabras, que las consecuencias las voy a pagar yo, que ya las estoy pagando. No me hacen caso ni los médicos; cuando con estos malditos dolores bajo a pedir ayuda, o no está el médico o se niega a atenderme sin palabras. Pues, chico, Paracetamol o Nolotil pinchado, tengo las nalgas llenas de bultos de tanto pinchazo. Hoy, harto de tantas mentiras y a causa de lo que me está pasando con el educador y el trabajador social, le he preguntado al subdirector médico qué pasa con lo que pidieron los médicos del hospital en febrero, que se me enviase a casa, ya que en la prisión no llevo el tratamiento correspondiente. Su contestación es que él ya había hecho ese mismo informe, porque hablaron con otra doctora y lo entregaron el 24 de febrero a la subdirectora. ¡Pero, por los clavos de Cristo! ¿Qué quiere esta señora? ¿Qué tiene contra mí? ¿Quién está mintiendo? Solo quiero recuperarme, aunque sea como lo estoy haciendo. Quiero vivir y que no me atormenten tanto, porque me están haciendo mucho daño, ya que los presos no tenemos la misma atención médica que el que está en la calle.

El mes pasado, mayo, día 8, tenía que salir al hospital, a una gastroscopia y lo suspendieron para un mes más tarde. Hoy, 9 de junio, tengo la salida a las 9:30. Me han dicho que esté preparado, son casi las 2 de la tarde y sigo esperando en ayunas. Por favor, que se acabe todo esto ya. La gastroscopia es importante, porque, desde que caí enfermo, en abril de 2017, el médico me decía que era normal que vomitara tanto, que era del hígado. Se jubila en julio como subdirector médico. Y a mediados de abril la doctora Rosa me saca al hospital general y dicen que estoy muy bien. Me llevan de conducción vomitando sangre negra. Era un vómito que olía muy mal; no era sangre todo, sino mezclada con líquidos del estómago. En Picassent, el médico dice que los que pasan en tránsito solo se nos da la medicación ya prescrita. Le conté lo que me estaba pasando y me dijo que me esperase a llegar a Estremera. En Villena, con todo el dolor que tenía, cuando vino la ATS, no me dejó ni hablar, que no era su problema. De hecho, por una rejilla de la puerta, me tiró la medicación y se fue: Almax y paracetamol de 1000 mg. Al otro día, al salir de la celda, me desmayé, me metieron en una habitación y, cuando desperté, estaba dentro del autobús y me dolía mucho la cara. Cuatro días después, llego a Navalcarnero y un preso me dijo. “¿Cómo estás? Porque no veas los guantazos que te daban en Villena los funcionarios. No recordaba nada, pero, cuando me vi en el espejo, tenía la cara llena de golpes. Pero los funcionarios de Valdemoro ni me hicieron caso y me sacaron a enfermería. El médico no me preguntó por qué tenía la cara toda llena de moratones, pero sí me preguntó por qué me quejaba tanto y le conté lo que me estaba pasando. Me hizo una ecografía y me dijo: “Tienes algo en el estómago, tendrás que aguantar hasta llegar a Estremera.

En mayo, día 8, ingreso en el módulo 1. La médica, en este caso, pasaba consulta cada 15 o 20 días, pero esta señora me decía que no siguiese contando cuentos. Todo el mes de mayo, me sacaban a urgencias de la enfermería de la prisión y siempre lo mismo. El 22 de junio, ya empecé a vomitar mucha sangre y a perder el conocimiento, y esta doctora, que está denunciada, me dice: “Te voy a sacar al hospital, pero, como no tengas nada, ya hablaremos tú y yo”. Me hicieron analíticas y más placas y me diagnosticaron cólico de vesícula. Otra vez al furgón, como un perro, y para la cárcel. Yo confiaba en los médicos. Fueron tres veces las que me sacaron a urgencias del Gregorio Marañón, hasta la última, que una doctora me dijo: “te voy a hacer una gastroscopia”. Y la dieron para el 12 de septiembre, esto a finales de junio, y ese mismo día, estando en el módulo de la UTE tres meses, otra vez me desmayé y todos los compañeros se pusieron en pie de guerra, reclamando que, por una vez, me viese un médico, no un matasanos. Y, por fin, metido en un furgón, esposado y vomitando, una hora de viaje, que me creí que me moría por el camino. Me ingresan y el médico Víctor, internista y el cirujano me dicen lo que tengo: cáncer de estómago, el 13 de septiembre, y que pintaba mal, en diez días me tenían que operar y quitarme todo el estómago, lo demás ya lo pone en los informes. Ahora, todo lo que me pasa en este hospital: dos infecciones de sangre, me atraviesan los pulmones por varios sitios, de estar pesando 84 kilos, voy bajando progresivamente de abril a septiembre de 2017, hasta los 46 kilos.

Hoy, 8 de junio, después de suspenderme en mayo la gastroscopia, me dice un ATS que no me han sacado porque no había policía para el traslado, pero a otro compañero sí lo han sacado con la policía al mismo hospital. Un funcionario me dice que por parte del médico de la prisión sí estaba preparada la salida, pero de arriba no habían firmado mi traslado al hospital. Pero, por favor, que están acabando conmigo. ¿Qué es lo que quieren de mí? ¿Me corto el cuello y me mato o esperan a que me vuelva loco? No sé ni lo que hacer ya. El educador y el trabajador social incordiando con que haga el escrito de disculpas a al subdirectora. La psicóloga no se ha dignado en estos seis meses a atender mis instancias. El jurista lo mismo. No quiero hacer sufrir más a mi madre, porque ella ya ha sufrido bastante con las palizas que le daba mi padre fallecido. Le pegaba con palos, puñetazos, patadas… hasta le abrió la cabeza con una piedra. Quería matarla, pero ella se escapó con mis dos hermanos a casa de mi abuela, en Vilareal. Yo me quedé, pero mi madre no paró hasta que la guardia civil vino con ella y con mi abuela y me llevaron con ellas. Mi madre ha sufrido mucho de verdad. El otro día, cuando la vi en la televisión, me emocioné, no se merece que la engañen de esta forma ni que no le den ninguna clase de información como están haciendo. Y lo que le dijo la subdirectora de tratamiento, delante del abogado: “ponte el teléfono fijo que en dos semanas tu hijo está contigo”. ¿Por qué nos hacen esto?

Francisco Chamorro Giménez

 

Tokata Y Fuga 9-VI-2018 Abandono y humillación de las personas presas gravemente enfermas y en régimen de castigo

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Tokata Y Fuga 16-VI-2018. Presxs, familias, autodefensa, solidaridad, comunidad de lucha

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