Dos programas de radio que hablan sobre el desarrollo de la querella interpuesta por la familia de Luis Acedo contra los médicos carceleros responsables de su abandono

Aquí van dos programas de radio donde nuestras compañeras Toñi y Noe, explican lo que le pasó a su hijo y hermano Luis Acedo Sáenz, que sufrió abandono médico y trato cruel, inhumano y degradante en la cárcel de Picassent, poco antes de morir, en agosto de 2016, excarcelado cuando ya no se podía hacer nada por su vida. Cuentan lo sucedido el lunes, 6 de noviembre, en los juzgados de Picassent, donde declaraban los médicos carceleros responsables dentro de la querella presentada contra ellos por la familia.

Tokata Y Fuga 11-XI-2017. El vecindario se rebela: autodefensa solidaria frente al poder punitivo

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Cárcel en el Estado español: El caso de Luis Manuel Acedo. Toñi 07-XI-2017

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Testimonio sobre la muerte de un preso en la cárcel de Picassent en agosto de 2017

Todo ocurrió a finales de agosto de 2017. El funcionario abrió la cerradura sin mirar dentro de la celda, lo que es el protocolo. Los mismos presos fueron los que entraron, quitaron la cuerda del cuello y, viendo que no tenía pulso, lo intentaron reanimar, cuando a un cadáver ha de levantarlo el médico forense, delante del juez. Aun sabiendo que estaba muerto, hicieron como si tuviera vida; le levantaron los presos y funcionarios llevándolo por las escaleras hasta el hall y lo pusieron en una camilla, aun estando claro que estaba muerto, ya que varios internos le tomaron el pulso y era evidente que no tenía vida. Se lo llevaron como si nada, sin taparle y viéndole nosotros toda la cara hinchada y morada y el cuello partido. Y, a los dos minutos, aparece un ordenanza médico diciendo que estaba muerto, cuando eso ya lo habíamos visto todos en la celda. Luego, vinieron a ver la celda donde murió, un jefe de servicios, un subdirector de seguridad, la subdirectora médica y el director de la cárcel, el juez y la policía científica de la guardia civil. Y bajaron las escaleras riendo, como si nada. Luego, se encargaron de hablar con varios internos para decirles ellos lo que debían declarar, y a uno en especial, con los permisos cortados por positivo en drogas, le hicieron declarar a favor de la cárcel y se lo llevaron del módulo 6, que es donde ocurrió todo, a preventivos, para que no viéramos como se le concedían 15 días de permiso, trato de favor, por declarar lo que ellos quisieron. La celda es la número 75 y, como todo el que quiso entró, contaminaron cualquier prueba que pudiera haber.

Dispersión es agresión. Desde la cárcel de Puerto I, una propuesta de actividad en defensa de los derechos de las personas presas

DISPERSIÓN ES AGRESIÓN

 Salud y fuerzas, compañerxs en lucha activa. Estos días y tras el recuerdo y apoyo al compañero José Antonio Serrano Benítez surgen en asamblea en Puerto I algunos temas que afectan por aquí a todo el personal. Así que queremos poner a debate y preguntaros: ¿cómo podemos reivindicar el acercamiento geográfico? Para que, aparte de dirigirnos al congreso de los diputados, defensor de nadie y juzgados, se haga de alguna manera de forma conjunta y con apoyo de familiares y de los grupos que ya nos apoyan fuera. Por aquí pensamos mandar todxs recursos al ministerio del interior, queremos abrir debate sobre la dispersión y reivindicar el acercamiento a nuestras comunidades de origen o donde se encuentre nuestro entorno afectivo. Para ello os pedimos opiniones sobre cómo hacerlo, a modo de lluvia de ideas. No descartamos la idea de una huelga de hambre siempre que esta se haga en comuna y que seamos unxs pocxs. Aunque esta idea sería como último recurso, preferimos denunciar masivamente, hacer plantes, huelgas de patio, txapeos… os pedimos opinión y debate. Creo que somos muchísimxs lxs que estamos dispersadxs, si hay unión y puntos de encuentro, podemos hacer mucha fuerza, pero queremos ver cuantxs os sumáis al debate para ver cómo lo haríamos. Estamos hasta la coronilla de que tengan a nuestras familias gastando dinero, haciendo kilómetros, poniendo en peligro sus vidas. Nos dicen estos falsos que con nosotros no hay políticas de dispersión, como si fuésemos gilipollas. En mi caso y en el de muchxs compas, llevamos años fuera de nuestro entorno y, como estamos cansadxs, como estamos hasta los cojones, vamos a plantar cara estxs terroriustas de Estado policial-carcelario.

Esperamos que os suméis al diálogo y apoyéis este debate.

Salud.

Toni

El 6 de noviembre, declaraciones en un juzgado de Picassent (Valencia) en la querella presentada por la familia ante el abandono médico y el trato inhumano y degradante que sufrió Luis Manuel Acedo Sáenz durante la enfermedad que le llevó a la muerte

Luis Manuel Acedo Sáenz llevaba dos años cumpliendo condena en la cárcel de Picassent. Trabajaba en talleres para mantener a su hijo y hacía deporte, intentando llevar una vida activa y positiva  que le permitiera salir de la cárcel con la mayor integridad posible. Pero un mal día empezó a sentirse demasiado cansado para mantener el ritmo de vida que había decidido adoptar. Poco después, le salieron unos bultos de los que en la enfermería de la cárcel no supieron decirle qué eran ni darle ningún remedio eficaz. Enseguida empezaron los dolores en el abdomen; “me duele por dentro”, decía. Iba a la enfermería todas la semanas, pero el médico carcelero ni sabía lo que tenía ni se dignó enviarle al hospital de la calle para que le hicieran ningún tipo de prueba. Se limitó a dar palos de ciego con diversos analgésicos y antiinflamatorios, que no paliaron ni poco ni mucho ni nada los terribles dolores que estaba sufriendo Luis.

En poco tiempo, debido al dolor y al cansancio, fue bajando el ritmo en el gimnasio hasta que tuvo que dejarlo definitivamente. Pronto tuvo que dejar también el trabajo. Le dieron una baja de cuatro días y, después, sin más, lo echaron al patio definitivamente. Iba perdiendo peso, mientras el dolor se hacía cada día más fuerte y continuo. Y así pasó dos meses, tirado en el patio, bajo la mirada indiferente o despectiva de los responsables, sin diagnóstico ni tratamiento adecuados para el cáncer de páncreas con metástasis en el hígado que padecía. Seguía visitando la enfermería y pidiendo inútilmente ayuda a quienes estaban legalmente obligados a cuidarle. Mandó dos cartas a los responsables rogando por su vida, a las que ellos no hicieron ningún caso.

Cuando, bajo la presión de la madre de Luis, alarmada por el estado en que veía a su hijo, decidieron sacarle al hospital para hacerle las pruebas correspondientes, ya era demasiado tarde. Aún tuvo que aguantar algún tiempo en la situación miserable que hemos descrito, hasta que, una vez fue seguro que no tenía salvación, siguiendo la inhumana política al respecto de la SGIP, decidieron excarcelarle para que muriera fuera. Eso sucedió a mediados de agosto de 2016, después de un corto tratamiento que solamente alcanzó a paliar un poco los terribles dolores, pues ya no se podía hacer nada más. No le habían dejado ninguna otra opción que el abandono, el dolor y la muerte.

El día 6 de noviembre en los juzgados de Picassent (Valencia) va a declarar el subdirector médico de la cárcel de Picassent responsable, por su negligencia, incompetencia e inhumanidad, del sufrimiento de Luis, de su agonía en condiciones miserables y de su pérdida de la oportunidad de intentar por lo menos curarse. También declara un compañero, que, estando preso en el mismo módulo, fue testigo de todo ello. La familia de Luis puso una querella denunciando lo ocurrido que fue admitida a trámite. Ahora hay que verle la cara a ese “médico” carcelero apto para la tortura, pero no para la curación o el cuidado de nadie. Piden a las personas que puedan acercarse a hacerles compañía en la puerta del juzgado, que lo hagan, ya que, después de lo ocurrido, cuesta creer en un mundo humano en lugar de en un mundo donde los torturadores campan a sus anchas, porque es el suyo.

 

Un preso muerto en la cárcel de Albocàsser (Castellón II), en circunstancias que la administración está ocultando, mientras su cuerpo presenta signos evidentes de haber sido maltratado

Manuel Fernández Jiménez, estaba cumpliendo condena en primer grado en la cárcel de Villena (Alicante II). Tuvo un problema con otro preso al que había prestado una tele y no se la quería devolver, y se pelearon. La madre de Manuel habló con el director de la cárcel y le pidió que trasladaran su hijo a otro módulo para evitar más enfrentamientos. El director le dijo que no podía hacer nada, que se arreglaran entre ellos. Se volvieron a pelear y, como castigo, trasladaron a Manuel a la cárcel de Albocàsser (Castellón II), en aislamiento. Él había estado ya en esa cárcel, quejándose a su familia de que le pegaban los carceleros.

A los diez o doce días, llamaron por teléfono a su madre, diciéndole que Manuel había fallecido el domingo, 22 de octubre, a la una de la madrugada, que el chaval había faltado al recuento y que habían ido a la celda que ocupaba y lo habían encontrado muerto. No le dieron ninguna otra información más que el teléfono de la funeraria. La madre habló con algún empleado de la misma que le preguntó si quería que trasladaran el cuerpo de Manuel a Murcia y ella le dijo que sí. Al principio, le dijeron que no sabían cuándo iba a llegar, pero a última hora avisaron de que ya estaba en camino y llegó a Murcia por la tarde, a las 18:30.

Cuando llegó el cuerpo, los empleados de la funeraria no les querían dejar verlo. Después de insistir, consintieron en que lo vieran los padres, pero sólo ellos. Estaba tapado hasta el cuello, de manera que sólo se le veía la cara. Pero pudieron ver que tenía  heridas en ella y marcas de dientes en la frente. Exigieron que lo destaparan y pudieron ver que tenía lesiones y cardenales por todo el cuerpo: marcas en la barbilla que alguien cercano identificó como muy parecidas a las que deja un “taser” (aparato para aplicar descargas eléctricas); marcas de esposas y ataduras en muñecas y brazos, y también en los tobillos; tenia los dedos amoratados y algunas uñas rotas, como si hubiera estado forcejeando para defenderse; el pecho lleno de heridas y cardenales; marcas en el cuello… Hicieron fotos de todo y llamaron a la policía nacional para que vieran aquello. Vinieron cuatro agentes, pero se negaron a mirar siquiera el cuerpo, diciendo que no era cosa suya al haberse producido la muerte en Castellón.

Los empleados de la funeraria no trajeron ningún papel, ni certificado de defunción, ni informe de la autopsia, ni nada. Les tuvieron que exigir algún documento que certificara la situación, a través de una abogada, ya que se negaban a entregarlo, y les dieron un acta de enterramiento. Fueron con la abogada al juzgado de guardia con ese papel, allí lo denunciaron todo y pidieron una segunda autopsia. Nombraron una procuradora para pedir los documentos en el juzgado de instrucción nº 4 de Castellón, que lleva el caso. Llegó un papel que solamente decía que autorizaban a enterrar el cuerpo y que había muerto en Albocàsser de “muerte súbita a estudio”. Tuvieron que oponerse a la orden del juzgado de Castellón para evitar que enterraran el cuerpo sin tener en cuenta los signos evidentes de violencia que presentaba.

La familia se encuentra consternada e indignada por todo lo sucedido. No sólo les han entregado muerto a un muchacho de 28 años recién cumplidos que unos días antes rebosaba salud; les han comunicado la muerte con verdadera brutalidad; se han resistido en todo momento a facilitarles la menor información sobre lo sucedido: llamaran a quien llamaran, todos les daban largas, con burocrática prepotencia y sin ningún respeto por su dolor y ansiedad; cuando ven el cuerpo lo encuentran lleno de huellas de haber sufrido malos tratos; aún no saben nada de los resultados de la primera autopsia… Creen que ha muerto violentamente, a manos de los carceleros, ya que él estaba en aislamiento y no tenía contacto con nadie más. Piensan ir hasta el fondo del asunto y ya han presentado denuncia en el juzgado de guardia de Murcia, aportando las fotos de las lesiones que presentaba el cuerpo y exigiendo una segunda autopsia. Su abogada les ha comunicado que esta petición ha sido denegada, en espera de que se conozcan los resultados de la primera autopsia realizada supuestamente en Castellón. Temen que al demorarse tanto la intervención médica, ya no se pueda averiguar lo que ha pasado a través de ella, e incluso que el juzgado ordene antes que el cadáver sea incinerado.

A Continuación, un programa de radio donde entrevistan a la madre y a la tía de Manuel y se habla de la impunidad, negligencia y brutalidad en medio de las cuales suceden cosas como esta.

Muerte En La Cárcel De Albocàsser: ¿Qué Le Ha Pasado A Manuel?

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