Que se haga la guerra. En memoria de Luis Mingorance Corral

Nuestra querida amiga y compañera, Laura Delgado publicó en su  paǵina web, Abogacía en prisiones, la foto que va arriba y el sentido texto que copiamos a continuación,  al enterarse de la muerte de Luis Miguel Mingorance Corral, preso de larga duración, que perteneció al Colectivo de Presos Sociales Anarquistas (COLAPSO) y participó desde dentro de la cárcel en numerosas situaciones de lucha colectiva. Lo publicamos para unirnos a ella de algún modo en su dolor y el recuerdo de Luis.

QUE SE HAGA LA GUERRA

Hoy me he enterado de que has muerto.

Mi querido HuesoPavo, Huesito, que yo te llamaba…
Hoy me he enterado de que has muerto.

Me he enterado de que has dejado de latir, de respirar, de padecer.
Hoy me he enterado de que has dejado de sufrir, sabes??

Hoy me he puesto a recordar y a recordarte.

Hoy he leído y releído las infinitas sensaciones que me hacías llegar a través de tu tinta. Hoy te tengo aquí, mirándome, al tiempo de escribir estas líneas. Hoy tengo claro que no eres la muerte natural que ellos dicen que eres, como tampoco eres ni puedes ser uno más de esos muchos presos que mueren día a día en nuestras celdas de aislamiento.

Hoy más que nunca eres Luis Miguel Mingorance Corral, HuesoPavo;

hijo de Luis y María, que en paz descansen.

Granadino.

Nacido el 2 de octubre de 1966,

si bien empezaste a pisar las cloacas del Estado ya en el 83.
Hoy más que nunca eres Luis Miguel Mingorance Corral, HuesoPavo.
Alguien que pagó treinta y tres años de prisión,
habiendo pasado más de 10 en FIES-1 y aislamiento.

¿Tu libertad total? El 17 de octubre de 2020.

Ni dos años te quedaban para acabar de cumplir, Huesito;
tan mal te venía el futuro…??
Después de toda una vida en la cárcel,

tan desolador te parecía seguir viviendo??
Recuperar la libertad??

Pausa.
Atención, Laura, sosiego;
los “por qué” vuelven a amenazar con su insaciable acecho.  

Recuerdo aún la primera vez que hablamos… Te acuerdas tú??
Tú estabas en Topas. Yo estaba en los Alpes.

Mi teléfono empezó a sonar a eso de las 10 de la noche.
Mi número español seguía operativo para que los presos pudieran seguir llamándome sin tener que autorizar el francés, pero era raro que sonara fuera de las franjas de patio, la verdad. Iba a épocas; en función de los registros.

“Laura…??”
“Depende, ¿¿quién eres…??”

Y ahí empezó la historia.

No sabías demasiado de mí, pero alguien te había dejado mis señas. Las habían vestido de buenas palabras, cariño y comprensión, así que esa noche no te costó demasiado aventurarte a marcar mi número.

Recuerdo aquella timidez que tenías al principio.

Lo único que querías era hablar.

Me llamabas para hablar; a mí, que no me conocías de nada. Me llamabas para huir un rato a los muros, para reírte del aislamiento, para romper las reglas.

Aquella primera noche te correspondí con casi tres horas de mi tiempo…

te acuerdas??

Siempre me ha fascinado escuchar a quien me elige

para sacar a relucir sus confidencias.

Recuerdo que te emocionaste cuando empezaste a hablarme de lo mucho que echabas de menos el beso o el abrazo de una mujer. Llevabas 14 años sin sentir el cariño o el afecto de alguien que te quisiera y mi mera voz te servía para apaciguar los males de alma con que cargabas. Corría el año 2015 por aquel entonces y, para más información, recordaré también que aquella conversación, nuestra primera conversación, la tuvimos justo cuando el otoño empezaba a asomar. Me recuerdo pegada al radiador, aunque muchas otras noches pudiéramos haber hablado ya con una chimenea de por medio.

Cómo adoraba vivir allí, qué de bonitos recuerdos…!!

El caso es que nos acostumbramos a hablar casi a diario,

sin que ahora importe reconocer que lo hacíamos.

Nunca entenderé por qué se siguen prohibiendo los móviles en prisión, si el bien que generan es infinitamente mayor al daño que se pretende evitar con su prohibición. Aquellas conversaciones a veces hacían que el día valiera la pena, verdad?? Hacían que el tiempo pasara más deprisa; que la tensión no fuera tal; que el motivo se hiciera latente. Hacían que sintieras que había alguien ahí, sin más; tal y como todo el mundo necesita para saberse vivo, humano o digno de vivir y ser humano.

Aun así, Huesito, dios; no seré yo quien vaya a hablarte a ti de dignidad.

“Yo no acepto ser un interno, ¡yo soy un preso!”

Decías que no eras un número.
8306600093. 29080679P.
Decías que eras, eres, libre pensamiento.
Lo eras, lo eres.

Recuerdo la historia que me contaste cuando te pregunté por lo de HuesoPavo.
Huesito, que yo te decía.

Ahora me arrepiento infinitamente de todo lo que no.

Tristemente pienso en las muchas veces que se te hubiera pasado por la cabeza la idea de desaparecer, como si aquéllo hubiera podido ser tu mejor opción; pero es tan anti-vida, Huesito, que no me resigno a aceptarlo.

Siempre que la muerte hace su aparición, por más sinsentido que esto pueda parecer, procuro nutrirme y enriquecerme de ella. Intento sacarle lo mejor, por más que en nuestra cultura el fin del respirar sea poco menos que un apocalipsis. Tergiversando la cultura para aligerar mis duelos, he logrado darle a la muerte la naturalidad que creo que tiene.

Dicen que la tuya ha sido una muerte natural y, por más que nadie vaya a poder convencerme jamás de que morir en prisión o entre hormigón pueda llegar a ser natural, sí que lo es el hecho de morir en sí mismo.  

A veces llego a la conclusión de que la gente nace y muere por y para mí; como si las enseñanzas que tales ausencias me han proporcionado hubieran sido un plan preconcebido sin malicia ni maldad.

Será que el universo confabula para mí…??

A mí me gusta creer que sí.

Me gusta creer que nada sucede en vano, que su aliento no se apagó para nada, que lo hizo por una buena razón.

El caso es que es del todo imposible evadir la totalidad de los sentimientos de culpa cuando se trata de vivir un punto de no retorno.

“Podría haberle escrito más.
Podría haberle ido a ver a través de un cristal.
Podría haberle dado más alegrías, más noticias, más sorpresas.
Podría haber hecho más de lo que hice, por más que supiera que no”

Querida culpa, ¿¿podrías irte a tomar por culo un rato??  
Podría, pero no lo hace.

La culpa siempre aparece cuando se trata de los muertos en prisión.
 Será que murió o que le dejamos morir??
Sería ésa su voluntad o sería más bien la nuestra…??

Eternamente miserables.

Al final la realidad es la que es, Huesito.

No puedo más que disculparme por ello,

por más que no haya culpa alguna que disculpar.

Hoy me he enterado de que has muerto, sabes??

Hoy me he enterado de que ya eres recuerdo, sin que yo pueda tener más que tus cartas, tu foto o tu voz en mi memoria para rendirte homenaje. Nunca llegué a verte, menos a tocarte. Nunca supe si eras más alto que yo, te das cuenta…?? Nunca supe cómo te expresabas con el cuerpo o cómo calabas con la mirada. Nunca supe ni sabré, porque hoy me he enterado de que has muerto de cárcel. Muerte natural, dicen. Están flipados.

Muerte por inasistencia médica, deberían de decir en honor a la verdad. Tú no has muerto de forma natural, Huesito, tú te has ido porque te han dejado ir. Tú te has ido porque tu vida valía menos que la de cualquier otro ciudadano libre. Tu vida era como de segunda, así que no valía la pena velar por ella; por más que la ley diga blablablá. Tu delito fue el de nacer donde naciste, sin más. 
Que nadie intente convencerme de lo contrario.

No podré tener más que ese recuerdo para revivirte, no perderte o conservarte. Nunca sabré siquiera si tú mismo lograste volver a inmortalizarte antes de irte.

Nunca sabré tantas otras muchas cosas que me hubiera gustado saber…

Huesito.
Que la tierra te sea leve.

Que dejes tanta guerra como paz te espera en el cielo.

Que dejes tanta guerra;

porque otra cosa no puedo prometerte, pero que tu ausencia estará presente en todos y cada uno de los tembleques que podamos provocar, tenlo por seguro.

Que se haga la guerra, Huesito.
Una y otra vez.

Hágase la guerra;

que aquí abajo noticias como la tuya no hacen más que darnos rabia, fuerza y coraje para prevenir que las muertes bajo custodia se sigan produciendo.

Todo mi amor al cielo, Luis.
Que dejes tanta guerra como paz te espera en el cielo.